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Presentación

El Tren Txikito

Luis de Uranzu, nos relataba en su día este artículo, que se puede hallar en la Guía Sentimental del Bidasoa de noviembre de 1976, donde Uranzu nos narra la historia de ese tren irunés que los propios ciudadanos de la villa llamaban Tren Chiquito, y nos lo cuenta así:

El Tren Txikito

“El “Tren Chuiquito”, como cariñosamente le llamábamos los iruneses, circulaba valientemente por sus pequeños dominios sin temor a los mastodontes del Midi y del Norte, como el enanismo entre los gigantes de nuestra niñez.

El Tren Chiquito, siempre limpio con sus relucientes piezas de bronce y sus nerviosas bielas plateadas, salía en sus buenos tiempos de una diminuta estación... al final del paseo Colón, pasaba por la Bañeras sobre un puente de juguete, que servía también para colgar el ganso de la antsara jokua en las fiestas del barrio de Santiago, y despertaba con sus resoplidos a Darío Regoyos, que vivía en Buena Vista, y a los pacíficos vecinos de Azken Portu y Behovia. Luego, como entre maíces y cañaverales, por el Bidasoa, saludando con sus alegres pitidos a los vecinos de Biriatu, para rendir viaje en una pequeña estación, la de San Miguel, medio oculta entre castaños y nogales.

Para buscar los orígenes del tren chuiquito tenemos que remontarnos a la revolución de septiembre de 1868, cuando Isabel II pasaba por Irún hacia el destierro. Por entonces anduvieron unos ingenieros extranjeros, de largo macferlán y gorra a cuadros, por nuestros montes estudiando la forma de explotar su riqueza minera.

El primitivo proyecto consistía en transportar en ferrocarril de tracción animal los productos del coto minero de San Fernando, al pie de las Peñas de Aya y de otros que se encontraron en la proximidad de la vía y bajarlos al río Bidasoa por un plano inclinado, que se construiría cerca de Endarlaza, donde sería cargado de gabarras y conducido a Irún.

Otro ramal llevaría al muelle “Rosario” en las inmediaciones de la Asincholua , cerca del ya desaparecido Cuartel de la Guardia Civil, el mineral arrancado de las costas “Santa Ursula” (Saroya), San Enrique (Meazuri), etc.

Los minerales de las cotas de Escolamendo, Ertroz y otros en la falda de la “Copaco Arriya”, bajarían por un puente transportador aéreo a Endarlaza, donde se cargaría en gabarras.Este fue primer plan de explotación intensivo de las minas de Irún por la compañía inglesa. Hemos tenido la fortuna de obtener detalles sobre este curioso transporte fluvial, por boca de un testigo de calidad, dotado de privilegiada memoria, don Pedro Castaing, nos relata Uranzu.

Las gabarras descendían hacia Irún a impulso de la corriente. Dos hombres, con grandes remos, colocados a proa y popa, conocedores del río, evitaban con gran habilidad los escollos. El retorno de las gabarras vacías río arriba, era penosísimo por la fuerza de la corriente. Se hacía valiéndose de bueyes en la gabarra para atravesar los remansos profundos. Esta operación constituía una atracción para los viajeros y turistas que la contemplaban desde la carretera.

El mineral se descargaba en un apartadero construido cerca del puente internacional, en el lado francés y sobre vagones del Midi era conducido a Bayona o Burdeos y de estos puertos a Inglaterra, pues la exportación al Boucau es más reciente.

A simplificar todo este tráfico vino a Irún el año 1880 un dinámico “self-made man”, Mr. Clement Hamelin. Repasemos su hoja de servicios. Construyó un soberbio palacio al pie de las Peñas de Aya, en medio de una naturaleza grandiosamente salvaje, desde donde se divisa uno de los paisajes más maravillosos del mundo. Puso enmarca el tramo del ferrocarril que desde este paraje se dirige a Pagogaña. El plano inclinado de Charoli y el recorrido San Miguel-Endarlaza a Irún. Levantó también uno de los más bellos miradores del lugar, acreditando nuevamente su buen gusto, la magnífica estación de Costorbe, donde habilitó confortables habitaciones para la dirección.

Aquellos fueron los tiempos gloriosos del “Tren Chiquito”. Cada lunes y cada martes, el pequeño “break” para viajeros...transportaba a opulentos banqueros y a bellas damas de todas las nacionalidades. Todo Irún veía en el “tren chiquito” al “gnomo” que iba a sacar de las entrañas de nuestros montes el metal que enriquecería el pueblo. ¡Con qué orgullo iba y venía la pequeña locomotora “Ville d´Irun” y cuán ajena se sentía a las veleidades de la fortuna...!

Hace unos días, - cuenta Uranzu- paseando por la carretera de Behovia, vimos una máquina del “Tren Chiquito”. Remolcaba jadeante un enorme vagón cargado de cemento. Los años no pasan en balde. Sus cobres ya no relucían como hace años. Aquellos brillantes empavonados y esmaltes verde y rojo desparecieron bajo la roña y el polvo del Pórtland. Antes de que caigan en las avariciosas garras de cualquier chatarrero, hemos creído oportuno desenterrar recuerdos y dedicarle este pequeño elogio sentimental.”

Luis de Uranzu

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